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La historia de Elaine




Ser madre no es cosa fácil. Nosotras las madres nos vemos siempre obligadas a actuar con heroísmo y sacrificio por consideración a nuestros hijos. Debido a nuestra determinación de encarar y vencer desafíos, algunas veces llegamos mas allá de toda expectativa, develando talentos escondidos que aportan a otros bendiciones jamás imaginadas. Si bien nuestro empeño inicial es salvar a un hijo, en el proceso nos encontramos cambiando el mundo.

La joven Elaine Gottschall no abrigaba ambiciones sublimes de cambiar el mundo. En los años 50 vivía con su esposo y sus dos pequeñas hijas en los suburbios de New Jersey. Se consideraba una ama de casa norteamericana promedio - de película - como ella lo recuerda hoy con nostalgia. Exitosa en su papel de esposa y madre, contenta de tener una vida tranquila,"normal", disfrutando de un dichoso anonimato.

Pero azotó la calamidad. Judy, la hija de Elaine y Herb, de cuatro años de edad se enfermó gravemente. Le diagnosticaron colitis ulcerativa severa, trastorno intestinal agudo y crónico y hemorragia resistente a la terapia médica tradicional. Pese a los desesperados intentos de Elaine por encontrar algo, cualquier cosa, que Judy pudiera tolerar, no había comida que la alimentara. Al contrario, todo alimento era eliminado rápidamente, sin rastro casi de absorción. Sin embargo, el doctor insistía que la alimentación no tenía nada que ver con la enfermedad de la niña. A medida que la enfermedad y la desnutrición hacían sus estragos, la pequeña, que empezó a sufrir además de horribles episodios de delirio, dejó de crecer. Frustrado por el fracaso de una y otra medicina de frenar el curso de la despiadada enfermedad, el doctor de Judy les dió a Elaine y a Herb un ultimátum: aceptar la cirugía para resecar el colon y ponerle una bolsa para la evacuación, o verla debilitarse irremediablemente, incluso hasta morir.

Vencida, impotente y desesperada, Elaine empezó a sollozar. Increíblemente, en vez de atender y reconfortar a la angustiada madre, el doctor, la apuntó con el dedo acusador y exclamó – ¿Por qué llora? Es Ud. quien le ha hecho esto a la niña. Ese humillante incidente dejó cicatrices imperecederas, pero a la postre fue un momento decisivo para Elaine Gottschall.

Rehusando aceptar la opinión de solo un doctor, Elaine y Herb se lanzaron desesperadamente de especialista en especialista, esperando encontrar quien les ofreciera una luz de esperanza y una perspectivae diferente. Pero, consultasen a quien consultasen, siempre recibían el mismo ultimátum: Si el arsenal de medicamentos tradicionales no lograba controlar los síntomas, la cirugía era la única alternativa. Además, siempre escuchaban el mismo concepto – a pesar del hecho que la enfermedad atacaba los órganos que digerían y absorbían los alimentos de Judy, el tipo de alimento carecía de importancia.

Justamente, cuando ya casi comenzaban a resignarse a su destino, un encuentro ocasional de dos amigas le proporcionó a Elaine el nombre de un médico de 92 años de edad, el Dr. Sidney V. Hass de la ciudad de Nueva York. A lo largo de una prolongada e ilustre carrera, el Dr. Hass habíia desarrollado su programa nutricional para curar problemas del intestino y escribió un libro que se encuentra en casi todas las bibliotecas médicas del mundo. Sin embargo, sus colegas, ignorantes en la materia, le restaban importancia a la nutrición como factor de la salud. Habían descartado el trabajo de este médico en pos de nuevas versiones de remedios tradicionales y de cirugías cada vez más complejas. Si bien Herb ya casi no resistía ver a Elaine someterse a otro nuevo proceso diagnóstico, y el médico que tenían ridiculizaba al Dr. Hass y sus métodos como reliquias de otra era, Elaine se empeñó en conocer la opinión del amable anciano.

Después de un cuidadoso examen de Judy, el Dr. Hass le hizo una sencilla pregunta a Elaine: --¿Qué come esta niña? Ningún otro médico le había hecho esta pregunta. Luego le enseñó a Elaine cómo poner en práctica su sencillo plan de nutrición. A los diez días de iniciado el régimen, habían disminuido los problemas neurológicos de la niña. En pocos meses los síntomas intestinales se mostraron muy mejorados y la chica empezó a crecer y a recuperarse del tiempo perdido. A los dos años desaparecieron completamente los síntomas.

Ya para entonces había fallecido el Dr. Hass. Elaine temía que junto con él, moriría también su sencillo y eficaz remedio para problemas digestivos, a menos que alguien se encargara de difundir su legado. De no hacerlo se privaría a otros de la posibilidad de frenar un sufrimiento innecesario y de lograr una verdadera salud intestinal. Fue a una biblioteca médica a devorar los escritos sobre el tema. Pronto pudo constatar que el método del Dr. Hass estaba basado en sólidos principios científicos. A instancia de Herb de que ahondara sobre el tema, a los 47 años ingresó a un instituto académico y a su laboratorio de investigación. Culminó sus esfuerzos con títulos en biología, bioquímica de la nutrición y biología cellular.

A medida que transcurrieron los años de investigación, Elaine empezó a sentir una creciente desilusión, motivada en parte por la falta de sus compañeros de investigación de compartir con ella su interés en integrar a la práctica clínica toda la evidencia de los efectos de la alimentación sobre la salud intestinal. Perdía la esperanza de que su trabajo llegara algún día a ayudar a aquellos que sufrían, a esas personas cuyos médicos jamás recomendarían el tratamiento del Dr. Hass. Estuvo muy cerca de tirar la toalla, pero Herb no se lo permitió. La convenció de que la única manera de difundir el mensaje del Dr. Hass a aquellos que tanto lo necesitaban era iniciando consultas a particulares y publicando por su cuenta un libro al alcance de todos.

He ahí el origen de la obra titulada Romper el Círculo Vicioso.

Ya en su décima edición, este libro ha sido traducido a varios idiomas y difundido a lectores regados por el mundo entero. Día tras día, un sinnúmero de personas que padecen de la enfermedad de Crohns, o que cuidan a un ser querido con esta dolencia, colitis ulcerativa, síndrome del colon irritable, trastorno celíaco, diverticulitis, u otras einfermedades del tracto digestivo (incluso autismo y fibrosis cística) consultan a Elaine por teléfono, fax o correo electrónico. Ella, de manera desinteresada y en forma gratuita, les dedica gran parte de su tiempo, contestando pacientemente las mismas preguntas una y otra vez, o sopesando consultas de nueva índole. Asesorando, alentando, compartiendo alegrías, e incluso desempeñando el papel de madre para su extensa familia de devotos de la salud intestinal, familia que incluye a personas de todos los niveles, y de casi todas las nacionalidades y religiones habidas.

Para Elaine Gottschall ha sido una peregrinación extraordinaria. Jamás, ni en sus sueños más locos, se hubiese imaginado cuántas familias se beneficiarían de sus conocimientos y su generosa dedicación al prójimo. En verdad Elaine está cambiando el mundo... y todo empezó con su hija.



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